miércoles, 20 de enero de 2021

¿QUE ES LA BIODIVERSIDAD?

 La vida tiene muy diversas formas de expresarse.  La ecología reconoce que diferentes grupos de organismos forman unidades distinguibles que también son muy variables en sus características.



El concepto de biodiversidad se define como toda la variedad de formas en las que la vida se expresa a todos niveles en el planeta. Es común que la biodiversidad de un lugar se asocie con el número de especies animales y vegetales que habitan en él. En resumen, comprende al menos cuatro niveles de expresión: los genes, las poblaciones, las especies y los ecosistemas.

La diversidad genética se refiere a las diferencias que se presentan en el material genético de distintas especies y a las variaciones genéticas entre poblaciones y entre individuos de una misma especie. Todas las características, en conjunto, determinan las probabilidades que tendrá un organismo de sobrevivir y reproducirse en un hábitat particular y en determinadas condiciones ambientales.

Biodiversidad Mexicana

 La diversidad de poblaciones se refiere a las diferencias que existen entre los grupos de organismos de la misma especie que ocupan diferentes localidades. Si estas poblaciones están aisladas unas de otras, es posible que presenten dinámicas poblacionales independientes, además de diferencias genéticas entre ellas. . Los individuos de una población específica generalmente se aparean con otros individuos de esa misma población. Este contacto genético entre poblaciones es muy importante, pues homogeniza en cierta medida la variabilidad genética entre poblaciones y permite que se mantenga la variabilidad genética global de la especie.

La diversidad de especies, se refiere a la variedad de organismos que forman una comunidad. Aunque en ese capítulo mencionamos que, en sentido estricto, la diversidad de especies (es decir, la diversidad alfa) tiene dos componentes (la riqueza de especies y sus abundancias relativas). Así, cuando se habla de este nivel de la biodiversidad de una región del planeta, se hace referencia al número de especies que habitan en esa región.

La diversidad de ecosistemas se refiere a la variedad de sistemas ecológicos que se presentan en una región. Hay algunas regiones que son poco diversas en este sentido, pues los ecosistemas que las forman no son muy diferentes entre sí. 

¿Cuántas especies diferentes existen y cuándo surgieron?

Por muchos años, los organismos vivos se clasificaron únicamente en dos reinos: los animales (Animalia) y los vegetales (Plantae). En las últimas décadas del siglo XX se reconoció que esta clasificación era muy artificial y no reflejaba la realidad de la diversidad de la vida en el planeta. Por esa razón, se propuso agrupar a los organismos vivos en cinco reinos: Monera (las bacterias), Protista (los organismos unicelulares eucariontes), Fungi (los hongos), Plantae (las plantas) y Animalia (los animales). En una categoría totalmente diferente se ubica todo el grupo de los virus, que no se consideran organismos vivos en el mismo sentido que los ya mencionados, pues no tienen vida propia, sino que dependen del aparato bioquímico y estructural de las células a las que infectan. Por esta razón, los virus no quedan incluidos en estas clasificaciones.


¿Cuántas especies existen en la Tierra? Por desgracia, es imposible responder con precisión a esta pregunta y lo más probable es que nunca logremos hacerlo. los naturalistas y biólogos han descrito, hasta ahora, casi dos millones de especies diferentes de eucariontes (es decir, protistas, hongos, animales y plantas). Este número no incluye a los organismos de los reinos Bacteria y Archaea, de los que se sospecha que también son muy diversos.

En el cuadro 5.2 se indican los números de especies conocidas en la actualidad de los principales grupos taxonómicos. Debe recordarse, además, que el número de especies que viven en el mundo actual no es más que una pequeña fracción de todas las que han existido en nuestro planeta a lo largo de miles de millones de años de evolución. Pero, ¿cómo sabemos que hubo tantas especies si actualmente están extintas? La respuesta está en el registro fósil, en el cual quedó grabado su paso por la Tierra.


A pesar de que los datos relacionados con la variedad de especies en la Tierra son impresionantes, no debemos olvidar que el número de especies es sólo uno de los aspectos de la biodiversidad. Otro aspecto muy importante es la variedad de ecosistemas que forman los diferentes grupos o especies en conjunto con el medio ambiente abiótico en el que habitan. Podemos intuir las diferentes expresiones que adquiere este aspecto de la biodiversidad si pensamos en la gran diversidad de paisajes que podemos encontrar sobre la Tierra. Hay paisajes áridos, húmedos, boscosos, rocosos, helados, montañosos, planos, etcétera. A la vez, entre los paisajes húmedos, por ejemplo, encontramos algunos caracterizados por su vegetación alta, o vegetación baja, o vegetación densa, o bien, más rala. En realidad, es imposible encontrar dos paisajes idénticos en este “planeta azul” en el que vivimos.

Existen clasificaciones muy diversas, y sin duda todas ellas simplifican la abrumadora variedad de la naturaleza; sin embargo, una clasificación ampliamente aceptada por su sencillez y aplicabilidad es la que se basa en el concepto de bioma. Un bioma es un tipo general de comunidad característico de una región climática del planeta. Los biomas terrestres más conocidos son la selva tropical húmeda y la sabana (en climas de tipo A); el desierto (en climas de tipo B); el bosque templado (en climas de tipo C); el bosque boreal o taiga (en climas de tipo D); y la tundra (en climas de tipo E). Otras clasificaciones más detalladas distinguen entre los diferentes tipos de bosques dependiendo de si son tropicales (selvas) o templados, y de si están formados sólo por especies de hojas anchas (latifoliadas) o sólo por coníferas, o bien, por una combinación de latifoliadas y coníferas (bosques mixtos). Además, se distinguen diferentes tipos de vegetación arbustiva.



¿Dónde SE DISTRIBUYE LA BIODIVERSIDAD?

Si desde un transbordador espacial pudiéramos observar con detalle la distribución de los ecosistemas y de las especies en todo nuestro planeta, desde los polos hasta el ecuador, veríamos que la diversidad y el tipo de especies que ocupan cada zona geográfica, así como la variedad de los ecosistemas que forman estos conjuntos de especies, cambian de una región a otra. Hay ciertos patrones en la distribución de la diversidad a nivel global. Ahí comentamos que uno de los patrones más notables es la reducción paulatina de la riqueza biológica desde el ecuador hacia los polos, es decir, el número de especies por kilómetro cuadrado aumenta al acercarnos al ecuador y se reduce al acercarnos a los polos.

Existe una gran variación en el tamaño de las áreas de distribución de las especies; hay especies que viven en áreas geográficas muy extensas, que ocupan diversos tipos de ecosistemas y que forman poblaciones muy grandes, es decir, son especies comunes. Un ejemplo de una especie común es el venado cola blanca, que se distribuye casi a todo lo largo del continente americano (con excepción de los extremos norte y sur), habita en diversos tipos de ecosistemas y forma poblaciones bastante numerosas (aunque la caza y la reducción de sus áreas naturales de distribución han provocado su desaparición en algunas regiones).

Los países megadiversos

Las naciones que albergan la mayor diversidad de especies en el mundo se conocen como países megadiversos. Para considerar que un país es megadiverso se utilizan varios criterios. El más sencillo es el hecho de que albergue al menos 5,000 especies de plantas superiores que sean endémicas de ese país. Actualmente se reconocen 17 países que cumplen con este criterio y que, por lo tanto, se consideran megadiversos.


En cuanto a México, sabemos que en las dos terceras partes de su territorio en las que todavía hay cobertura vegetal natural (aunque no toda en buen estado de conservación), se presentan prácticamente todos los biomas del mundo. Este hecho contrasta con la escasa diversidad de otros países como Arabia Saudita que, a pesar de tener más o menos las mismas dimensiones y poseer una ubicación con una latitud similar a la de México, tiene una diversidad de biomas considerablemente menor.


MEXICO MEGADIVERSO

México tiene una importancia clave en la biodiversidad mundial. Por ejemplo, ocupa el primer lugar en el mundo en cuanto al número de especies de reptiles; además, 40% de las plantas y 66% de los anfibios que viven en México son endémicos del país. Asimismo, la mitad de las especies de pino, el 40% de los cactus conocidos y casi la mitad de los encinos del mundo se encuentran en México. Debe recordarse que, además de las especies ya descritas y cuya distribución se conoce, aún faltan muchas regiones del territorio nacional por explorar, por lo que el número real de especies que viven en México debe ser mucho mayor.





Por su situación geográfica, en nuestro país coinciden especies originarias del norte y del sur del continente americano. El territorio de México corresponde a dos regiones biogeográficas diferentes. Estos factores crean un mosaico muy complejo de condiciones ambientales en el que un gran número de especies con características de vida, tolerancias y requerimientos muy diferentes encuentran posibilidades de establecerse y prosperar.

En el norte y parte del centro del país se encuentran las zonas áridas y semiáridas, caracterizadas por los distintos tipos de matorrales xerófilos y pastizales; en las planicies costeras y secas del Pacífico y del Golfo de México, así como en el noroeste de Yucatán, se localizan los bosques tropicales secos y semisecos; en las zonas más húmedas ubicadas por debajo de 900 m de altitud se presentan los bosques tropicales perennifolios, y por arriba de esa altitud, los bosques mesófilos de montaña o bosques de niebla. Finalmente, en las partes más elevadas de las grandes sierras de México se encuentran los bosques templados de coníferas y de encinos.

 

México también es excepcional en su diversidad de ecosistemas marinos, ya que es uno de los países con mayor extensión de costas, tanto en el Océano Pacífico como en el Atlántico, incluyendo el Golfo de México y el Mar Caribe. Además, tiene un mar exclusivo, el Mar de Cortés o Golfo de California. Los ecosistemas marinos abarcan desde las aguas profundas hasta los ambientes costeros, incluyendo estuarios, lagunas costeras, marismas, manglares y arrecifes coralinos.

La biodiversidad a todos sus niveles (es decir, diversidad genética, de poblaciones, de especies y de ecosistemas) provee a la sociedad los bienes y servicios ambientales indispensables para su desarrollo. Sin embargo, es una pena que, como sociedad, no hayamos logrado todavía concebir a la biodiversidad como parte del patrimonio natural de cada nación de forma que podamos sentir orgullo por ella. Si pudiéramos apreciar nuestra biodiversidad, también sentiríamos un gran sentido de responsabilidad en cuanto a su protección y buen uso.

 El empleo que el ser humano hace de la biodiversidad ha llevado a una transformación profunda de la naturaleza. En muchos casos, la intervención humana ha sido la causa de la extinción de especies, así como de la pérdida y deterioro de los ecosistemas naturales.
Si no llegamos a comprender la importancia de la biodiversidad, nunca lograremos valorarla y, mucho menos, conservarla. En la mayoría de los países, la biodiversidad y su conservación son temas que no tienen una alta prioridad en la agenda de los gobiernos, ni tampoco de las organizaciones sociales; por desgracia, ni la sociedad ni los gobiernos le conceden la prioridad que merece.

Servicios ambientales

De los ecosistemas obtenemos alimentos, agua, madera, fibras, tintes, combustibles, energía y minerales, entre muchos otros productos que satisfacen nuestras necesidades. A estos bienes que se extraen de la naturaleza les hemos llamado históricamente recursos naturales. Pero antes de entrar en ese tema, es importante tener conciencia de que la disponibilidad y la existencia misma de muchos de estos recursos naturales dependen de que los ecosistemas de los que provienen funcionen de manera sana y continua. En otras palabras, la disponibilidad y la existencia de los recursos naturales dependen de que los procesos naturales que los producen, tales como los ciclos de nutrientes, la formación de suelo, el ciclo del agua y la polinización de las plantas, entre muchos otros, se lleven a cabo sin interrupción.

Al conjunto de elementos que el ser humano obtiene de la naturaleza y a las múltiples funciones que desempeñan los ecosistemas naturales proveyendo estabilidad climática, belleza paisajística, equilibrio ecológico, espacios de recreación, ente otros, se les denomina servicios ambientales o servicios ecosistémicos, pues de ellos se benefician las sociedades humanas para lograr desarrollo y bienestar.

En virtud de la complejidad y diversidad de los procesos y fenómenos reconocidos como servicios ambientales, éstos se han clasificado en cuatro grandes subconjuntos con la finalidad de comprenderlos, estudiarlos y valorarlos mejor: 1) servicios de aprovisionamiento o suministro; 2) servicios de regulación; 3) servicios culturales, y 4) servicios de soporte.



Una característica importante de los servicios ambientales es que todos ellos interactúan entre sí y dependen unos de otros. Esto significa que, si queremos contar con ellos de forma permanente, es fundamental mantener las funciones de los ecosistemas en armonía. La red de interacciones de las que dependen los servicios ambientales es extraordinariamente compleja y, al mismo tiempo, vulnerable. Sin embargo, por lo general damos por hecho que la naturaleza se encarga de llevar a cabo todas estas funciones y las concebimos como algo que siempre ha existido y existirá, y pocas veces reflexionamos sobre su origen o sobre los fenómenos que amenazan su permanencia.

Es innegable que la mayoría de los seres humanos todavía no reconocen la importancia vital de estos beneficios; más bien, es común que las sociedades se den cuenta de la función que desempeñaban los ecosistemas naturales sólo cuando éstos han desaparecido o se encuentran sumamente dañados.

Recursos naturales

El término recursos naturales se utiliza para referirse a los servicios ambientales de aprovisionamiento o suministro, es decir, a aquellos elementos que el ser humano extrae de la naturaleza y que constituyen la base material del sostén de las sociedades humanas. El desarrollo de toda nación depende en gran medida de sus recursos naturales, pues éstos son la base de las actividades productivas y éstas, a la vez, constituyen el sustento de su economía. 


Los recursos naturales se han clasificado tradicionalmente en dos grandes grupos: renovables y no renovables. Entre los recursos renovables encontramos a aquellos que, aun cuando los seres humanos los extraigan de la naturaleza, tienen la capacidad de reponerse a sí mismos, o, mejor dicho, de reaprovisionarse de manera natural. Ejemplos de recursos naturales renovables son los que provienen de organismos vivos (como los peces marinos que comemos o la madera para la construcción), así como el suelo y el agua. Por el contrario, los recursos no renovables no se reconstituyen una vez que se les extrae de la naturaleza (o lo hacen muy lentamente), de tal manera que su extracción conduce poco a poco a su agotamiento; tal es el caso de los minerales, entre ellos el petróleo.

 Los impactos que tienen las actividades humanas sobre la naturaleza, ya sea al utilizarla directamente o al transformarla de una u otra manera para obtener los recursos necesarios, pueden ser muy variados y diferentes, dependiendo de la magnitud de la intervención y de la tecnología utilizada.

En algunos casos no hay alternativa y los efectos de la intervención humana son inevitables, aunque su impacto puede mitigarse empleando tecnologías adecuadas.

 El agua como recurso

No hay ninguna duda de que las sociedades humanas dependen del acceso al agua, pues ésta se utiliza tanto para consumo directo como para la manutención de actividades agrícolas y ganaderas, para la industria, la generación de energía y un sinfín de otras actividades. 

Disponibilidad del agua

Al ver una imagen de la Tierra tomada desde el espacio, destaca su color azul. Esto se debe a que 70% de su superficie se encuentra cubierta por agua, mientras que el resto corresponde a los continentes.

Una altísima proporción del agua que existe en nuestro planeta (97.5%) es salada y únicamente 2.5% es agua dulce. Esto representa una seria limitación, pues sólo el agua dulce es útil para beber, así como para regar nuestros cultivos y mantener a nuestro ganado.

La demanda total de agua ha crecido mucho en los últimos años ante el vertiginoso crecimiento de la población humana en todo el mundo. En un periodo de 100 años esta demanda pasó de cerca de 80 a 6,000 m3 por año. En consecuencia, la cantidad de agua disponible por habitante es actualmente una tercera parte de la que se tenía en 1970,

Distribución del recurso hídrico

El agua no se distribuye de manera homogénea ni en el espacio ni en el tiempo. La desigualdad en su distribución en las diferentes regiones del mundo hace que haya diferencias muy marcadas tanto entre continentes como entre naciones, al igual que entre las distintas regiones de algunos países.

En realidad, las grandes acumulaciones de agua dulce superficial en forma de lagos y ríos se concentran en muy pocos lugares del planeta; por ejemplo, el lago Baikal, localizado en Siberia, en Asia Central, contiene casi la quinta parte (18%) del agua de todos los lagos del mundo. Además de esta notable heterogeneidad espacial, en la mayor parte de la superficie del planeta la distribución del agua también varía dependiendo de la época del año.

En muchos países la precipitación pluvial también se distribuye de manera desigual dentro de su territorio, dando lugar a diferencias en la disponibilidad del recurso hídrico para los habitantes de cada región.

Uso del agua

En México de los 72.6 km3 de agua que están disponibles de forma natural, más de tres cuartas partes (77%) se utilizan para uso agropecuario, mientras que 13% se destina para el abastecimiento público (urbano) y otro 10% para la industria autoabastecida, es decir, la que no utiliza agua de la red urbana, sino que la obtiene de fuentes naturales.

El suelo como recurso

El suelo es el sustrato sobre el que se establece la vegetación. Se trata de un componente ecosistémico de gran importancia, pues es fuente de minerales y alimentos, además de que desempeña un papel como filtrador del agua, manteniendo los mantos freáticos y el medio físico donde se establece la infraestructura para el desarrollo humano.

LA IMPORTANCIA DEL SUELO

Las sociedades humanas han aprovechado la capacidad de los ecosistemas naturales para generar suelos ricos en nutrientes sobre los cuales se puede establecer vegetación, pues han utilizado los suelos fértiles para cultivar un sinnúmero de especies de plantas que sirven como alimento ya sea directa o indirectamente.

La magnitud de los efectos de esta transformación de los ecosistemas naturales, así como su reversibilidad, dependen de las tecnologías que se utilicen.

Sistemas agrícolas

La agricultura consiste en el cultivo de especies vegetales de las cuales se obtienen diversos productos, entre los que destacan los granos básicos, las legumbres, las frutas, las hortalizas (frecuentemente denominadas verduras) y el forraje. En general, los sistemas agrícolas tienen una mayor productividad (es decir, de ellos se obtienen mayores rendimientos) en tierras relativamente planas y fértiles, así como en regiones con climas húmedos. 

En México, que cuenta con casi 200 millones de hectáreas de superficie, el área dedicada a las actividades agrícolas cubre aproximadamente 25 millones de hectáreas. Unas tres cuartas partes de las tierras agrícolas son de temporal, es decir, dependen totalmente del agua de la lluvia para su producción, mientras que sólo 25% corresponde a agricultura de riego. La superficie de riego está concentrada en el norte el país. De hecho, 72% de la superficie agrícola de riego se encuentra en los estados de Michoacán, Sinaloa, Guanajuato, Baja California, Coahuila, Tamaulipas y Sonora. Por su parte, la agricultura de temporal se practica en todos los estados, aunque con mayor frecuencia en los ubicados en la parte sur del país.

De temporal es una forma muy importante de agricultura  en muchas regiones indígenas y campesinas de México, la cual depende directamente de las lluvias anuales que se presentan en el territorio nacional y que se realiza mediante actividades de labranza tradicionales que se transfirieron al paso de las generaciones.  Estas superficies generalmente miden de 2 a 5 hectáreas y se siembran anualmente por un periodo más o menos corto. Al cabo de este tiempo, los terrenos se abandonan para que se recuperen mediante un proceso de regeneración o sucesión secundaria.

Los productos agrícolas más importantes de México incluyen tanto granos básicos como maíz, frijol, trigo además de   oleaginosas, frutas y hortalizas, y especies forrajeras.

Sistemas ganaderos. 

La ganadería consiste en la cría de diversas especies de animales con la finalidad de obtener de ellos carne u otros productos (huevo, leche, queso, cuero, etcétera). Existen dos maneras muy diferentes de llevar a cabo actividades ganaderas: la ganadería extensiva, que consiste en utilizar grandes superficies de terreno, en su mayor parte cubiertas por vegetación silvestre, de donde el ganado obtiene directamente sus recursos alimenticios al ir pastando de un lugar a otro, y la ganadería intensiva, que consiste en la cría de ganado en áreas confinadas a las que se hacen llegar recursos alimenticios apropiados para los animales, como forrajes, alimentos industriales y complementos nutritivos específicos.

El ganado se clasifica en diferentes tipos, según las especies de animales de que se trate. En términos generales, se reconoce al ganado bovino o vacuno (vacas), equinos (caballos y asnos), ovino (ovejas), caprino (cabras) y  porcino (cerdos). La avicultura también forma parte de la actividad ganadera.

Recursos forestales

De todos los ecosistemas terrestres, el ser humano obtiene un conjunto muy amplio de bienes que pueden clasificarse como recursos forestales maderables (madera en rollo) y no maderables (resinas, fibras, hojas, cortezas, frutos, cogollos, tubérculos, etcétera;). En realidad, toda especie vegetal aprovechable que forme parte de un ecosistema natural puede clasificarse como recurso forestal. Por esta razón, el área forestal con la que cuenta un país no se calcula simplemente como la superficie cubierta por ecosistemas arbolados (bosques y selvas), sino que también incluye la superficie en donde se presentan matorrales, chaparrales y diferentes tipos de selvas, es decir, todos los ecosistemas naturales terrestres que se presentan en su territorio.

Sin embargo, la apertura de nuevas tierras agrícolas y ganaderas (es decir, la ampliación de la frontera agropecuaria) está llevando a una pérdida constante de tierras forestales (deforestación). Por desgracia, la mayoría de los árboles que se derriban durante los desmontes para abrir terrenos agropecuarios, y cuya madera podría utilizarse para diversos fines, no se aprovechan como producción forestal, sino que generalmente se queman.

México se considera un país eminentemente forestal, debido, por una parte, a la gran diversidad de sistemas forestales con los que cuenta y, por otra, al hecho de que gran parte de su territorio consiste en abruptas pendientes no aptas para la agricultura y la ganadería.

En el caso de la producción maderable, a pesar de la gran diversidad de especies que crecen en las áreas arboladas de las selvas tropicales y los bosques templados de México, alrededor de 78% de la producción se basa únicamente en la extracción de pinos de diferentes especies y se concentra en sólo cinco estados de la República: Durango, Chihuahua, Michoacán, Oaxaca y Jalisco, que son los que cuentan con grandes superficies de bosques templados. 

El destino principal de la producción maderable es la madera para aserrío (68%), que se utiliza para la fabricación de muebles, además de vigas y tablones para la construcción. Otra buena parte de la madera se destina a la producción de celulosa (para la fabricación de papel, aunque una fracción importante de la celulosa que utilizamos en México se importa), carbón, leña, tableros y postes.

Recursos pesqueros

En este rubro se incluyen el pescado y los mariscos que se obtienen de cuerpos de agua tanto marinos como continentales. El potencial pesquero de México es muy alto ya que, de todos los estados que forman su territorio, 17 tienen costas. De esta forma, el país cuenta con 11,593 kilómetros de litoral marino (7,828 km en el Pacífico y 3,294 km en el Golfo de México y Mar Caribe). La superficie mexicana de mares territoriales (es decir, la que abarca desde la costa hasta una distancia de 22.2 km mar adentro) es de 231,813 km2; y la superficie de la Zona Económica Exclusiva (a partir de una distancia de 22.2 km de la costa hasta una distancia de 370.6 km) es de 2, 715,012 km2. Además, México posee 29 mil km2 de aguas interiores (ríos, lagos, presas y lagunas). Un hecho interesante para el caso de México es que cuenta tanto con aguas templadas (en el noroeste del país, en la costa occidental de Baja California y en el Mar de Cortés), como con aguas tropicales (en la costa del Pacífico desde Mazatlán hasta Chiapas, en toda la costa del Golfo de México y en la del Mar Caribe).

Los recursos minerales

Los minerales son sustancias inorgánicas (aunque su origen puede ser orgánico) localizadas en el interior o en la superficie de la Tierra. Muchos minerales, con la importante excepción del petróleo, son los componentes esenciales de las rocas.

Hay tres grupos principales de rocas: las ígneas, que provienen directamente de la solidificación del magma que se encuentra debajo de la corteza terrestre y que emergen a la superficie a través de los volcanes; las sedimentarias, formadas por el depósito y consolidación de material acumulado en el fondo de cuerpos de agua; y las metamórficas, que son rocas de cualquiera de estos dos orígenes, pero que sufrieron transformaciones subsecuentes en condiciones de alta temperatura y presión. 

Todas las actividades humanas producen un deterioro ambiental. En particular, los efectos directos de la minería sobre el ambiente se agrupan en dos categorías. En primer lugar, la extracción de minerales produce contaminación del agua y del suelo, pues esta actividad genera desechos y produce la liberación de compuestos, por lo general muy tóxicos, derivados de la industrialización de los minerales. El segundo grupo de efectos tiene que ver con la destrucción parcial o total de los ecosistemas, ya que la actividad minera implica la remoción de la vegetación y del suelo. Una vez que concluye la actividad extractiva, ésta deja “cicatrices” ambientales muy profundas, que rara vez se restauran o se reforestan.

Petróleo

El petróleo es un mineral combustible de origen fósil, constituido básicamente por hidrocarburos formados al paso de mucho tiempo como producto de la descomposición de la materia orgánica, generalmente vegetal. 

Cuando un país cuenta con reservas de hidrocarburos, es frecuente que su economía esté basada en la explotación y exportación del petróleo, o inclusive en su transformación industrial en una multitud de productos: turbosina, gas licuado, kerosina, diésel, combustóleo, asfaltos, parafinas, grasas y lubricantes y, desde luego, gasolina, sin los cuales la vida moderna no existiría como la conocemos.

Los efectos de la actividad petrolera sobre el ambiente han sido muy graves y notorios, desde las labores de exploración de mantos de hidrocarburos y de extracción de petróleo hasta los derrames accidentales en ecosistemas marinos, costeros y terrestres. . Muchos científicos han investigado durante años las consecuencias de tal acumulación. Gracias a ello ahora sabemos con certeza que el dióxido de carbono (CO2) —al igual que otros gases con los que éste se mezcla en la atmósfera— desempeña un papel determinante en la intensificación del llamado efecto invernadero.

El aumento en la concentración de CO2 en la atmósfera ha llevado a un calentamiento anormal de ésta y ha dado lugar al fenómeno del cambio climático.

La industria petroquímica mundial, al igual que Pemex, ya dispone de tecnologías ambientales muy avanzadas. No obstante, aún es necesario mejorar las técnicas de extracción de tal manera que no generen contaminación, así como mejorar la calidad de los productos de la industria petroquímica y evitar al máximo que los desechos de los procesos productivos asociados al petróleo contaminen el agua, el aire y el suelo.


DETERIORO AMBIENTAL

 ¿Qué ES EL DETERIORO AMBIENTAL?

A lo largo de la historia de la humanidad el deterioro de los ecosistemas y sus recursos naturales se ha considerado como un mal necesario para obtener a cambio los beneficios que trae consigo el desarrollo y el progreso. De acuerdo con esa lógica se acepta que se deforesten los bosques y las selvas para abrir espacios a la agricultura y la ganadería, que se interrumpan los cauces de los ríos para construir carreteras y presas, que se destruyan y rellenen los manglares para edificar casas y hoteles, que se contaminen los ríos para transportar basura, y que se erosionen los suelos de las pendientes al eliminar su cubierta vegetal para dedicarlos a la siembra efímera de productos agrícolas. El daño y desequilibrio que los seres humanos provocamos a los ecosistemas al utilizarlos para satisfacer nuestras necesidades se conoce como deterioro ambiental.

El deterioro ambiental es el resultado del mal uso que los seres humanos hemos hecho de los ecosistemas, de su biodiversidad y de los servicios ambientales que nos prestan. Actualmente el deterioro ambiental ha llegado a niveles extremos, lo que representa un gran riesgo para el equilibrio de la naturaleza e incluso podría significar el estancamiento o retroceso del desarrollo de las sociedades humanas.

Es importante resaltar que los efectos del deterioro ambiental no se limitan sólo al ambiente en sentido estricto pues, como se desprende de los ejemplos mencionados, produce efectos negativos en la salud humana, la economía y el bienestar social. Por si esto fuera poco, el deterioro ambiental también acarrea importantes problemas sociales y económicos para las naciones debido a la falta de alimento y al menoscabo de las condiciones de vida de la población en general.

Los principales factores que provocan el deterioro del ambiente son: el crecimiento de la población humana, los patrones de consumo, las tecnologías y la gobernabilidad.

Factores de deterioro

Sin duda, uno de los factores de deterioro más importantes ha sido el crecimiento desmesurado de la población humana, la cual demanda cada vez más recursos de los ecosistemas. Como es evidente, cuanto mayor sea el número de personas que habiten en el planeta, más presión habrá sobre la naturaleza. Si bien esto es cierto en términos generales, el crecimiento demográfico no es la causa única de deterioro. El impacto que la población humana ejerce sobre la naturaleza depende de sus costumbres en cuanto a la producción y el consumo de alimentos y otros satisfactores, así como en cuanto al uso de energía, agua y otras materias primas. 

Debemos señalar que el deterioro ambiental también depende de las reglas que adopte una sociedad, es decir, de las leyes y normas que la rijan, así como de las instituciones que dirigen las políticas ambientales y de la manera en la que se organice la gente para tener una mejor calidad de vida. Todos estos aspectos se engloban en el concepto de gobernabilidad.

Población humana

Ya hablamos de la ecología de poblaciones. Ahí vimos que para estudiar una población podemos analizar cómo se comporta numéricamente. . Sin embargo, no deja de ser un tema de gran interés desde el punto de vista ecológico, pues la influencia que ejerce el ser humano sobre la naturaleza ha transformado por completo la faz de la Tierra. Esa transformación está relacionada, sin duda, con el intenso incremento de la población humana en los últimos 200 años.

Hasta el momento, la humanidad ha generado una situación que parece corresponder a una disponibilidad ilimitada de recursos, en gran medida como resultado de la tecnificación de la producción agropecuaria. Con el uso de fertilizantes, pesticidas y maquinaria pesada para arar, sembrar, regar y cosechar, se ha logrado que una hectárea de terreno produzca muchas veces más de lo que produciría en condiciones menos tecnificadas. Lo mismo ha ocurrido con la producción de carne, leche, huevo y otros productos animales, cuyo crecimiento se acelera mediante la administración de hormonas y otras sustancias. Sin embargo, el abuso de estas tecnologías también genera problemas de deterioro de los recursos naturales y el ambiente, que son la base natural del desarrollo.

Patrones de consumo

Durante la segunda mitad del siglo XX, cuando la población mundial de seres humanos crecía a las tasas más aceleradas que se han registrado en la historia, se generalizó la idea de que era precisamente la explosión demográfica la que estaba causando los mayores problemas de deterioro ambiental.

Desde entonces surgió la preocupación de que, de continuar esa tendencia de crecimiento, en pocos años los recursos del planeta no serían suficientes para sostener a la población humana. La interacción entre la humanidad y la naturaleza tiene lugar independientemente de los cambios tecnológicos, económicos y culturales que ocurran en las sociedades humanas a través de la historia, la más importante es su patrón de consumo.

Este consumo es de tal magnitud que se estima que las demandas humanas, medidas en términos de los recursos que se consumen y de la superficie de tierras y aguas necesarias para purificar sus desechos, sobrepasaron la capacidad de carga del planeta desde la década de 1980 y en la actualidad están 20% por encima de ella.

Durante muchos siglos la intensidad y la manera en la que se usaban estos recursos naturales no alteraban tan significativamente el equilibrio de los ecosistemas, pues la cantidad de recursos extraídos no superaba la capacidad de los ecosistemas para renovarlos; además, los desechos que se desprendían de este manejo de los recursos podían reincorporase al ambiente sin generar alteraciones importantes.

Con el surgimiento de nuevos productos manufacturados aparecieron nuevas necesidades, la mayoría de las cuales no pueden considerarse realmente como básicas o de supervivencia, sino que responden a patrones culturales y educativos.

 

El consumismo

El consumo, concebido como un resultado inevitable de las actividades de una sociedad, no es ni positivo ni negativo en términos ambientales. El problema es que, en nuestra sociedad actual, el consumo en sí mismo se ha convertido en una nueva necesidad. A esta actividad de comprar por comprar se le llama consumismo y se caracteriza por ser un consumo excesivo e irracional que no responde a necesidades reales.

Los medios de comunicación masiva, como la televisión y la radio, desempeñan un papel importante en la determinación de los patrones de consumo de una población pues, a través de las campañas publicitarias, inducen a la gente a consumir diferentes productos. Cuanto más atractiva es la publicidad asociada con un producto, más se favorecerá su consumo; esta demanda, a la vez, fomentará un incremento en la producción. Éste es el objetivo final del productor: producir más, vender más y ganar más.

Uno de los grandes problemas que genera el consumismo sobre el medio ambiente es que muchos de los productos que se consumen ocasionan un deterioro importante del agua, el suelo, la atmósfera y la biodiversidad, tanto por la forma de producirlos como por los desechos que se generan a partir de su producción. Las tecnologías utilizadas en esta producción casi siempre ignoran los costos ambientales de su actividad, entre los que se encuentra la sobreexplotación de materias primas (es decir, su extracción por encima de la capacidad de los ecosistemas de renovarlas), la emisión de gases y líquidos contaminantes a la atmósfera y a los cuerpos de agua, y la producción de desechos sólidos peligrosos que afectan tanto a la salud humana como a la de los ecosistemas.

Se deben cumplir las normas ambientales del país en que se elaboran, de tal manera que se restrinja en alguna medida el deterioro a los ecosistemas y sus componentes relacionados con los procesos productivos. Sin embargo, en muchos países aún no existen suficientes normas ambientales, por lo que es necesario que sus gobiernos se aboquen a emitirlas

Otros factores que definen los patrones de consumo

Las personas que tienen un mayor poder adquisitivo son las que tienen patrones de consumo más altos y, consecuentemente, más dañinos para el medio ambiente. Sin embargo, no sólo las personas de los niveles socioeconómicos más elevados adquieren malos hábitos de consumo; mucha gente de bajos ingresos tiene también patrones de consumo que son dañinos para el medio ambiente. Un ejemplo de ello es el consumo de “alimentos chatarra”. Una proporción importante de los desechos producidos por los “alimentos chatarra” se arroja en sitios públicos como parques, calles, avenidas, carreteras, ríos y cañadas.

Realmente es indispensable que cambiemos nuestro patrón de consumo, de tal manera que evitemos consumir en exceso y no adquiramos productos que en sí mismos o en su proceso de producción son dañinos para el ambiente. Esto no significa que debamos renunciar a todas las comodidades y ventajas de la vida moderna, gracias a la cual tenemos acceso a productos tecnológicos que hacen posible una mejora en el bienestar social y en la calidad de vida. Pero hay que estar conscientes de que los seres humanos debemos restringir nuestro consumo, pues nuestro planeta no sería capaz de mantener a una humanidad con los niveles de consumo que tienen actualmente las personas de los países desarrollados.

Productos “verdes”

Los productos verdes son aquellos que, en su proceso de producción, utilizan recursos bióticos que fueron manejados y extraídos de manera sostenible, es decir, sin agotarlos y respetando el ritmo al que la naturaleza los renueva; además, la producción de este tipo de bienes no genera desechos contaminantes para la atmósfera, el suelo o el agua.

Los procesos de producción de estos diferentes bienes varían mucho por el hecho de que algunos son más caros que otros, y algunos generan más contaminantes que otros. Sin embargo, en muy pocos casos se toma en cuenta el costo ambiental de la producción.

Hay alternativas. Una de ellas son los mercados especiales que se han ido creando para la venta de productos “verdes”, también llamados sostenibles o sustentables, orgánicos o amigables con el ambiente. Estos productos tienen que obtener una certificación por parte de algún organismo que evalúa el proceso de producción y se asegura de que éste cumpla (es decir, lo certifica) de acuerdo con una serie de lineamientos y normas ambientales.

Entre los productos agrícolas hay ya una serie de productos “verdes” (u orgánicos) que se cultivaron sin utilizar fertilizantes ni pesticidas de origen industrial, por lo cual su producción no implica la contaminación del agua o del suelo. Un ejemplo notable es el caso del café orgánico, del cual México es uno de los principales productores en el mundo. 

El papel de la información y la educación ambiental

Es fundamental que la gente cuente con información sobre las características de los productos que adquiere, en particular sobre cómo se elaboraron y qué efectos tienen sobre el ambiente. Los productos no deben cumplir sólo con un parámetro de calidad y con la función para la que fueron elaborados, sino también con las normas de producción que garanticen el cuidado del medio ambiente.

Así, los productos “verdes” empezarían a competir realmente con los productos no verdes o que se producen de forma no sostenible y, con el paso del tiempo, los productos “verdes” y limpios desplazarían a los otros, gracias a la demanda del público. A la vez, una mayor demanda permitirá que los precios de los productos “verdes” se reduzcan y sean más accesibles en el mercado.

Sería muy desafortunado e indeseable que se redujera la diversidad de los productos que ofrece cada país, pues cada uno debería tener sus patrones de consumo en función de sus potencialidades naturales, los cuales podrían modelarse de tal manera que protejan su diversidad y patrimonio natural, en vez de copiar los patrones de consumo de otras naciones.

Es necesario regular tanto la producción como el consumo y, para ello, urge que la educación ambiental se imparta a todos niveles, empezando por el hogar, el jardín de niños y las escuelas primarias, y se refuerce posteriormente en todos los demás niveles de enseñanza.

Existen también otros mecanismos a través de los cuales se puede favorecer que la gente modifique sus hábitos de consumo cuando éstos son inadecuados, promoviendo además el consumo de productos más sanos y sostenibles. Algunos de estos mecanismos son de carácter económico.

Uno de los principales retos de la educación ambiental es lograr que los consumidores adopten buenos hábitos de consumo. Esto incluye alentar a la gente a que asuma responsabilidad, haga conciencia en tres áreas fundamentales: de su vida: vigilar el gasto familiar, velar por la salud personal y familiar, y cuidar de la naturaleza y conservar los ecosistemas naturales.

Las tres erres

Promover la cultura de las tres erres, que son las siguientes: 1) reducir el consumo; 2) reusar los productos; y 3) reciclar los desechos.

Para lograrlo, sería necesario que ocurriera lo siguiente: a) que la población deje de consumir las grandes cantidades de productos innecesarios que ahora consume; b) que la gente no compre productos contaminantes o productos que, por su forma de elaboración, amenazan a la biodiversidad [por ejemplo, debemos evitar comprar animales o plantas de especies en peligro de extinción o adquirir madera cortada de forma ilegal, o consumir peces y mariscos derivados de prácticas ecológicamente no sostenibles]; y c) que la gente compre y demande productos de calidad, que beneficien su salud y que se produzcan a través de métodos ecológicamente sostenibles y no contaminantes.

En el siglo XXI las nuevas generaciones tienen ante sí un gran reto: crear conciencia en la población de la importancia de preservar nuestros recursos naturales y, a partir de ello, modificar sus patrones de consumo para generar nuevas fuerzas de mercado que contribuyan al desarrollo sostenible.

Tecnologías

Durante décadas, y más aún a partir de la revolución industrial, el ser humano ha tenido la convicción de que el desarrollo de la tecnología puede resolver todos sus problemas, cubrir todas sus necesidades y superar las dificultades asociadas a los procesos de producción. Sin embargo, esta concepción es un grave error. Si bien es cierto que la tecnología ha sido la herramienta de las sociedades humanas para transformar los productos de la naturaleza en los bienes y servicios que permiten su desarrollo y bienestar social, también es cierto que muchas de estas tecnologías generan impactos negativos severos en el ambiente. Y lo que es aún peor, el deterioro ambiental que se desprende de estos impactos no sólo lo padecen las sociedades que utilizan y aplican las tecnologías, sino el planeta entero.

Existen varios ejemplos en la historia reciente de la humanidad del uso inadecuado de la tecnología, el cual ha tenido consecuencias desastrosas sobre el ambiente. Uno de ellos es el modelo tecnológico de la revolución verde, que estuvo en boga en el sector agrícola durante la década de 1970. Este modelo planteaba que la productividad de la tierra se puede elevar sustancialmente a través de la aplicación intensiva de fertilizantes y pesticidas industriales, la utilización de maquinaria para arar, sembrar y cosechar, así como el uso de sistemas de riego tecnificados. Este tipo de tecnologías se adoptaron en México. La aplicación del modelo de la revolución verde sin duda contribuyó a disminuir la intensidad y la frecuencia de hambrunas en el mundo.

Otro ejemplo de tecnologías novedosas que resultaron contraproducentes desde el punto de vista ambiental fue la invención de los productos químicos clorofluorocarbonados, que se utilizaron en la fabricación de aerosoles, pinturas, refrigeradores y aparatos de aire acondicionado, entre otros.

En los últimos años se han diseñado tecnologías alternativas más amigables con el medio ambiente, tanto en la industria agrícola, como en la ganadera, pesquera y forestal. Algunas de estas tecnologías tienen bajos consumos energéticos o utilizan fuentes alternativas de energía (como la energía solar o la eólica).

Gobernabilidad

Tiene que ver con el conjunto de reglas, formales e informales, que determinan la manera en la que los seres humanos hacemos uso de los ecosistemas. Las reglas, normas y leyes que se formulan en cada país y que regulan la transformación de la naturaleza por parte de la sociedad imponen un orden a los procesos de producción y al aprovechamiento de la naturaleza. Todo esto se traduce en códigos de conducta social, en instituciones específicas de gobierno y en organizaciones no gubernamentales regidas por estatutos y reglamentos acordes a las condiciones de cada país y región.

El concepto de gobernabilidad del sector ambiental (también conocido como gobernanza o gobernación), al incorporar a la sociedad en general, incluyendo a las organizaciones no gubernamentales y a las diferentes fundaciones y patronatos locales.

 La gobernabilidad en materia ambiental ha avanzado mucho en las últimas décadas en todos los países. Sin embargo, si se le compara con otros aspectos de la vida social de cada nación, podemos ver que su origen y su evolución en realidad son muy recientes.

Cómo se manifiesta el deterioro ambiental

Las escalas del deterioro






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